Diferencia entre la carrera vertical y la carrera horizontal de los funcionarios

Lejos de esa idea generalizada de que los funcionarios entran con una plaza y puesto ganados en su oposición y ahí se quedan hasta que se jubilan o retiran, la realidad es que la llamada carrera profesional de los funcionarios es uno de los derechos que se recogen como esenciales en el Estatuto del Empleado Público. Tras las últimas modificaciones legislativas, lo que persiste aún son dudas sobre la diferencia entre carrera vertical y carrera horizontal de los funcionarios. ¿Quieres conocerla?

Una de las reclamaciones de los funcionarios ha sido la creación de una legislación específica que regule su marco de actuación, la tan manida Ley de la Función Pública que nunca acaba de llegar. Al menos, desde hace poco más de una década se consiguió aprobar el EBEP que es una ley de carácter básico, esto es, que reúne las normas comunes a todos los funcionarios de todas las Administraciones Públicas. Pero, coexiste con la legislación de cada Administración en lo que respecta a configurar su propia política de personal.

Todo esto quiere decir que, si bien los conceptos de carrera horizontal y carrera vertical de los funcionarios están definidos en dicho estatuto, su desarrollo se deja en manos de las Leyes de la Función Pública que dice cada comunidad autónoma. Porque, la carrera profesional de los funcionarios es de carácter abierto, tienen la opción de tomar parte de los procedimientos normativos particulares que cada administración determine para hacer efectivo ese progreso profesional.



Carrera horizontal de los funcionarios

¿En qué se diferencia la carrera vertical de la carrera horizontal de los funcionarios?

Dicho todo lo anterior, el resumen es que existen dos formas básicas de progresar en la carrera profesional para los funcionarios. Una es la vertical, en la que se asciende en la estructura de puestos de trabajo, atendiendo a los procesos que haya previstos legalmente. La otra es la más novedosa, la horizontal que consiste en la posibilidad de progresa sin tener que cambiar de puesto de trabajo.

Ambas fórmulas son compatibles y tienen más aspectos comunes que distinciones. Aunque pocas, estás diferencias sí son muy significativas:

  • La carrera horizontal se centra en todos los tipos de empleados públicos, sin requerir que este cambie de puesto de trabajo, manteniendo las responsabilidades que corresponden al mismo. La carrera vertical, en cambio, implica necesariamente un cambio en el puesto de trabajo y, como consecuencia, en las responsabilidades que debe asumir el funcionario con su ascenso.
  • La carrera horizontal supone el reconocimiento de una maestría en su puesto de trabajo, derivada precisamente de la experiencia y el conocimiento que proporciona mantenerse en ese mismo puesto todo el tiempo. La carrera vertical, sin embargo, es un ascenso que responde a un progreso en méritos y habilidades, con la consiguiente movilidad laboral.

Lo más destacable de este sistema dual es que se pretende acabar con la falta de incentivos en la vida laboral de los funcionarios. Al combinarse estos dos mecanismos se consiguen paliar algunos de los problemas de los que pecan nuestras administraciones:

1. Movilidad artificial

Producto de la perversión de que haya que esperar a que exista una vacante para progresar económica y laboralmente. Al final, el funcionario abandona el área profesional para la que está mejor cualificado por irse a otra, para la que tiene menos preparación, pero que tiene cuenta con plazas de un nivel superior.

2. Estructuras organizativas poco eficientes

Esa necesidad de crear determinados puestos de trabajo para dar salida a las aspiraciones profesionales de los funcionarios termina por generar un caos en el funcionamiento.

3. Mal aprovechamiento de las capacidades de los trabajadores

Si la única manera de obtener reconocimiento es la de ir ascendiendo en el escalafón con la promoción interna en la oposición, se acaba desperdiciando el talento de un buen técnico al convertirlo en un mal directivo. Eso que todos sabemos de pocos gestores y demasiados jefes.

Por tanto, más que fijarse en la diferencia entre carrera vertical y carrera horizontal de los funcionarios, hay que fomentar las ventajas de compaginar ambas.